Durante mucho tiempo, una carrera universitaria podía presentarse como una secuencia relativamente predecible: estudiar, graduarse, conseguir un empleo y especializarse con los años. Ese mapa no ha desaparecido, pero sí se ha vuelto más inestable. La tecnología cambia tareas, aparecen nuevos roles y algunas habilidades pierden vigencia más rápido de lo que un plan de estudios puede actualizarse.

El Future of Jobs Report 2025 reunió la perspectiva de más de 1.000 empleadores que representan a más de 14 millones de trabajadores en 55 economías. El informe estima que 39% de las habilidades existentes de los trabajadores podrían transformarse o quedar desactualizadas entre 2025 y 2030.1

La paradoja de la era tecnológica

Las habilidades tecnológicas están creciendo, pero el valor de las habilidades humanas no desaparece. Entre las competencias centrales señaladas por los empleadores aparecen pensamiento analítico, resiliencia y flexibilidad, liderazgo e influencia social, pensamiento creativo, motivación y autoconocimiento, alfabetización tecnológica, empatía y escucha activa, y curiosidad con aprendizaje continuo.2

Cuando una herramienta automatiza una tarea, aumenta el valor de saber qué tarea merece hacerse, por qué, con quién y con qué consecuencias.

Esto cambia la manera de construir una trayectoria profesional. Saber utilizar una herramienta digital es útil; poder explicar un problema a una persona que no comparte nuestra formación es otra competencia. Saber leer un artículo científico es útil; poder decidir si sus resultados aplican a una situación concreta exige criterio. Hablar inglés abre acceso a conversaciones y literatura; saber trabajar con personas de otras disciplinas permite convertir ese acceso en resultados.

Ibagué y el reto de competir sin mudarse mentalmente a otra ciudad

En el trimestre móvil junio–agosto de 2026, Ibagué registró una tasa de desocupación de 11,8% y una informalidad laboral de 47,3%, según cifras del mercado laboral divulgadas con base en DANE.3 El dato no define el futuro de ningún estudiante, pero sí recuerda que la formación profesional ocurre dentro de un mercado competitivo.

La respuesta no puede ser únicamente “acumular títulos”. Una estrategia más robusta combina profundidad disciplinar con competencias transferibles: escritura, presentación oral, datos, inglés, investigación, liderazgo, negociación, redes profesionales y alfabetización en inteligencia artificial. Son capacidades que viajan entre sectores y que permiten adaptarse cuando cambia el contexto.

Construir evidencia personal

El currículum vitae dice qué estudiaste. Un portafolio muestra qué sabes hacer. Un proyecto de investigación, una presentación en un congreso, una pieza de software, un protocolo, una revisión crítica, un proyecto comunitario o una colaboración internacional son formas de convertir aprendizaje en evidencia visible.

Cinco activos profesionales que no caben en el diploma

  • Una segunda lengua que realmente puedas usar.
  • Capacidad de escribir y presentar ideas con claridad.
  • Pensamiento crítico y lectura de evidencia.
  • Competencia digital e IA con verificación y ética.
  • Redes de colaboración construidas con trabajo real, no solo contactos.

Fuentes y lecturas de referencia

  1. World Economic Forum. The Future of Jobs Report 2025 (2025). Consultar fuente
  2. World Economic Forum. Skills outlook – Future of Jobs Report 2025 (2025). Consultar fuente
  3. DANE. Mercado laboral, información agosto de 2026 (2026). Consultar fuente